Estimado viajero que llegas a este sitio. Encontrás aqui la totalidad de los mensajes que el Papa Juan Pablo II nos regalo en sus visitas a la Argentina. Además de sus audios (casi todos completos), fotos y material periodístico de aquellos años que registraron sus visitas. Aún no hemos terminado de transcribir todas las notas periodisticas que poseemos, por eso le recomendamos regresar en unos días para ver las novedades. Alentamos también a quienes tengan material de las visitas del Papa a que hagan lo mismo confeccionando sitios en que se recuerden permenentemente sus palabras.

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Una evangelización nueva pide el Papa a nuestra Iglesia

“Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”

“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” el que dirigió Juan Pablo II a nuestros pastores. Cerró una serie de mensajes al Pueblo de Dios en los cuales instó a emprender una evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”; en la que los laicos tienen su lugar de importancia.


Una nueva evangelización “nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”, presentó Juan Pablo II al Pueblo de Dios, en la Argentina, como dijo a los obispos en el Celam, en Haití. En su mensaje a los agentes de pastoral, a obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, ya sea en el Estadio de Vélez, en la nueva sede Episcopal, en Rosario o en cualquier punto del país, llamó a los bautizados a profundizar la obra evangelizadora iniciada hace casi cinco siglos en este continente.

El Pontífice quiso subrayar –como manifestó en la flamante sede-líneas “cuyos resultados no suelen verse a corto plazo, son como el grano de trigo del Evangelio, que cae en la tierra y muere, produce muchos frutos, porque lleva en si el germen de la vida de Dios”.

Lo dijo repetidamente y con distintas formas, más allá de su conmovedor testimonio, de por si elocuente. En la Catedral Metropolitana, el lunes 6 –tras la bienvenida en el aeroparque- pidió que fuéramos “piedras vivas”, “firmemente apoyadas en Jesucristo, piedra angular del edificio de la Iglesia”.

“El Evangelio es proclamado por medio de palabras vivas, de gestos de vida”, expreso en Vélez. Por eso, al plantear el deseo de reavivar “el objetivo final y grandioso de toda evangelización”, proclamó que “todos somos Cristo”, “con la alegría pascual de prolongar, cada uno según su propia vocación, la presencia, la palabra, el sacrificio y la acción salvífica de Cristo…”

Esa identidad entre la vida y el Evangelio la repitió a cada ambiente o sector ya sea rural, obrero, empresarial, el de la cultura, la familia… pero a los agentes de pastoral, reunidos en su conjunto en Vélez, planteó el viernes 11, por la mañana, el anuncio como “una urgencia apremiante, una obligación santa, así como lo confiesa el apóstol: ¡Ay de mi, si no evangelizare!.

Fue un llamado a encarnar los valores evangélicos, en la esperanza, con una “catequesis abierta al dinamismo misionero de la Iglesia –dijo relacionándolo con el próximo Congreso Nacional-, con parroquias que deben ser comunidades “misioneras y servidoras” (recordó en Viedma).

“¡Iglesia en Argentina: levántate y resplandece porque ha llegado tu luz…” –dijo toando el versículo de Isaías… “Como pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo”. Y en la medida que nuestra Iglesia, y la de Latinoamérica, le sea fiel al Señor “podrá ser luz que ilumine al mundo para que camine por el sendero de la solidaridad, de la sencillez, de las virtudes humanas y cristianas que son el verdadero fundamento de la sociedad, de la familia, de la paz en los corazones”. Ser luz de Cristo: Así se lo pidió a los jóvenes en la Jornada Mundial.

En la Patagonia, en su discurso sobre la nueva evangelización, puntualizó que llevaremos a cabo la tarea evangelizadora, “sintiéndonos miembros vivos de una Iglesia que es comunión”, solo desde ella se puede “entender la vocación y misión del cristiano”, añadió.


Unidad y pluralismo episcopal

El fundamento de esa evangelización se apoya “en nuestra propia unidad de pastores, modelo y causa visible de la comunión eclesial”, dijo el Papa a los obispos, en su discurso del domingo 12.

“Fue un llamado muy fuerte a la unidad episcopal” –nos comentó un pastor- “unidad de pensamiento, de palabra, de sentimientos y de acción entre los obispos, miembros de un mismo Colegio…” prosiguió, entonces el pontífice.

Mucho se ha hablado de este tema en la Iglesia jerárquica en los últimos tiempos. Unidad que requiere “armonía en las particularidades, que las supere sin anularlas”. Y distinguió entre pluriformidad –verdadera riqueza, “es ella misma catolicidad”- y pluralismo, que el Sínodo Extraordinario de Obispos, de 1985, consideró que (fundado sobre la yuxtaposición de posiciones opuestas) “conduce a la disolución, a la destrucción, a la pérdida de la propia identidad”.

En Salta, en el acto del V centenario de la evangelización, el Maestro de la fe tuvo palabras de reconocimiento a los primeros anunciadores de la fe en nuestra patria. Lo repitió, gozosamente, en otros mensajes y reconoció en los obispos actuales su difícil tarea, destacando los “severos documentos condenando la violencia e invitando a la reconciliación” y las “abnegadas gestiones que salvaron vidas”.

A los pastores les habló también de los seminaristas y de la formación espiritual que haga de ellos hombres de Dios, enraizados “en el Espíritu de Cristo por el vigor sobrenatural de su fe…” de su formación doctrinal y pastoral. También les habló de los laicos.


Los laicos ante el desafío de hoy.

Centrado en conceptos de la “Evangelii Nuntiandi” (Pablo VI) y del Concilio Vaticano II (Apostolicam actuositatem), Juan Pablo II recordó a los laicos su deber de poner las realidades temporales “al servicio de la edificación del Reino…” Este momento de la Argentina –manifestó el Papa a los obispos- requiere “el empeño eficaz de un laicado maduro en su fe, preparado intelectual y apostólicamente para hacer frente a los desafíos de hoy”

A los seglares habló en forma directa y especial, durante la celebración de la misa en Rosario, en torno al monumento a la Bandera. Pidió a todos –tras recordar que no hay actividad humana temporal que “sea ajena a la tarea evangelizadora”- “que asumáis decididamente vuestro apostolado específico e irremplazable, en vuestra vida profesional, familiar y social, en las parroquias, a través de vuestras asociaciones, en particular la Acción Católica”.

Señaló el Papa “la necesidad de que los cónyuges cristianos vivan plenamente su matrimonio con una participación de la unión fecunda e indisoluble entre Cristo y la Iglesia, sintiéndose responsables de la educación íntegra, ante todo religiosa y moral…” Y habló del reto que “supone el campo de la justicia y de las instituciones ordenadas al bien común”.

Insistió en el papel del seglar en el campo de la educación y de una cultura “de la verdad y del bien, que pueda contribuir a una colaboración fecunda entre la verdad y la fe”

Consideró su formación y espiritualidad (a los obispos y precisó, también en su mensaje en Viedma), “un binomio inseparable para quien aspire a conducir una vida cristiana verdaderamente comprometida en la edificación y en la construcción de una sociedad más justa y fraterna”. Poco antes había pedido, enfáticamente, que nadie se sintiera tranquilo mientras hubiera “un hijo de Dios cuya dignidad humana y cristiana no sea respetada…”

Cuantas veces expuso, de variadas formas, un programa de vida para el cristiano. En Paraná, por ejemplo: “vuestra conducta debe ser tal que los demás puedan decir al veros: éste es cristiano, porque no es signo de división, porque sabe comprender, porque no es fanático, porque sabe sobreponerse a los bajos instintos, porque es trabajador sacrificado, porque manifiesta sentimientos de paz, porque ama, porque reza”.

“El futuro de la evangelización en Argentina (expresó en Salta) requiere una continua conversión a Cristo de todos los hijos de Dios que forman parte de esta Nación”. Pero una conversión que “se manifiesta en obras”.

“Habéis sido llamados –dijo a sacerdotes, religiosos y laicos, en Liniers- y cautivados por el ejemplo del amor del mismo Cristo, y también por el ejemplo de san Pablo y de tantos santos y santas, apóstoles y fundadores, para haceros débiles con los débiles, de modo que seáis “todo para todos para salvarlos a todos”.

Marta Noce.


Fuente: Juan Pablo II entre nosotros - Libro de Oro de una visita Inolvidable - Edición Extraordinaria revista Esquiú. Abril 1987 páginas 26, 28 y 30.
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